La “Regla de oro”
¿Nunca has probado una sed de infinito? Nunca has sentido en tu corazón una insatisfacción por aquello que haces, por aquello que sos?
Si es así, estarás feliz de encontrar una formula que te de la plenitud que deseas.
Hay una palabra del Evangelio que hace pensar:
“Todo aquello que quieran que los hombres les hagan a ustedes,
háganlo ustedes a ellos” (Mt 7,12).
Es una ley universal común a todas las religiones, escrita en el corazón de cada hombre, realmente preciosa, que se hace llamar Regla de oro.
Cada persona que encontremos en la jornada: simpática o antipática,
joven o anciana, amiga o enemiga, amémosla así!
Imaginemos de estar en la misma situación
Y tratémosla como quisiéramos que nos tratasen si estuviésemos en el lugar de ellos.
Una voz dentro nuestro nos sugerirá en cada momento y en cada circunstancia,
que decir y que hacer. ¿Tiene hambre? Pensemos: tengo hambre yo, y démosle de comer.
¿Esta desanimado?. Lo estoy yo. Tratemos de consolarlo, compartiendo su dolor
¿Esta en dificultad? Quiero amarla hasta casi sentir sobre mí su inquietud.
Cierto, todo esto a menudo no forma parte de nuestro modo de pensar y de actuar, pero ¡¡Coraje!!.
Este es el secreto que nos permitirá realizarnos como personas y de encontrar la felicidad que buscamos.
Quizá a veces, será difícil, y queremos volver a la vida de antes,
pero vayamos adelante, recomencemos siempre
y alrededor nuestro el mundo comenzará a cambiar.
Probemos desde ahora, comenzando por quienes están al lado nuestro también en este momento.
Una jornada gastada así vale la vida!!
Experimentaremos que vivir el Evangelio da color a nuestra existencia y enciende la luz en el mundo
(Chiara Lubich)