VIVIMOS ASÍ
PAKISTÁN: Un amor que contagia
Estaba en un bar, cuando me di cuenta de que una señora anciana, que había entrado hacia poco en el local, estaba pidiendo una taza de té. Era muy pobre y el camarero, imaginando que no habría podido pagar, se negó a dársela. Miraba la escena y enseguida, una pregunta. “Y, ahora, que puedo hacer yo?” Miro en mi bolsillo, tengo solo algunas monedas, pero que tal vez no son suficientes. Y, entonces, una idea, para amar tanto a ella como al camarero. Me acerco a él y le digo: “déle la taza de té a la señora, pagaré yo”. Con gran sorpresa me responde: “No, no te dejare pagar, no sería justo. Tu generosidad me ha hecho entender que es mucho mas sencillo para mí, que soy el propietario del local, ofrecer gratuitamente una taza de te a la señora”. ¡También él se había puesto a amar, pensé, bastaba que yo empezara!”
John Paul